En busca de los datos perdidos
Hace muchos, muchos años, cuando los ordenadores tenían pantallas de fósforo verde y los teclados hacían un ruido delicioso al teclear, ya nos dedicábamos a hacer cosas que parecían magia.
Uno de nuestros proyectos más longevos se llamaba King Computer. Nos especializábamos en recuperar información perdida en discos duros.
En aquella época no existían los smartphones, ni las redes sociales, ni el almacenamiento en la nube. Si perdías un archivo, lo perdías de verdad.
Hasta que un día nos visitó una clienta muy especial: Isabel Clara Simó, escritora catalana y una de las voces importantes de la literatura en catalán.
Isabel Clara Simó llegó a nuestro despacho con la cara desencajada. Su última novela estaba en su ordenador. Llevó el equipo a reparar y le formatearon el disco sin hacer copia de seguridad.
Cuando encendió el ordenador, solo vio la pantalla de bienvenida de Windows. Imaginad su reacción: años de trabajo, borrados en un instante.
Pero en realidad, los datos seguían ahí. Cuando un disco se formatea, no se eliminan los archivos: se borra el índice que indica dónde está cada cosa.
Así que Isabel Clara Simó se sentó en nuestro despacho y, durante horas, leyó fragmentos de texto recuperado en la pantalla. Ella tenía el libro en la cabeza y nos iba indicando el orden correcto de cada párrafo.
Poco a poco, pieza a pieza, su novela volvió a la vida. Quedó tan agradecida que incluso nos citó en el libro El professor de música.
Desde entonces nos quedó claro algo que todavía guía nuestro trabajo: la tecnología no es solo código. Es entender cómo las personas usan los datos y cómo podemos ayudarlas cuando todo parece perdido.